La represión antes del ’76: Apuntes a la memoria estudiantil

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Cada 22 de agosto, la comunidad de la UNICEN y la ciudad de Tandil recuerdan un pasado que está más vivo que nunca. En 1974, en el marco de la lucha por la nacionalización de nuestra Universidad, se produjo el lanzamiento público de la Juventud Universitaria Peronista (JUP). Aquel acto buscaba ampliar la participación política y la representación estudiantil, pero fue impedido por un fuerte operativo policial: lo que debía ser una jornada de celebración terminó convirtiéndose en una persecución por las calles del centro de nuestra ciudad. Este episodio no constituyó un hecho aislado, sino que se inscribió en un contexto de creciente conflictividad política y de avance de las prácticas represivas.
En ese escenario, la lucha por la nacionalización de la Universidad continuó siendo una de las principales reivindicaciones de la comunidad tandilense. Tras años de pedidos, en octubre de 1974, la entonces presidente María Estela Martínez de Perón firmó el decreto que promulgó la ley de creación de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires. La creación de la UNICEN se produjo en el marco del Plan Taquini, que impulsaba la expansión y regionalización de la educación universitaria mediante la creación de nuevas universidades en distintos puntos del interior del país.
Con la nacionalización se abrían así las puertas de una nueva institución, resultado de la unificación de tres estructuras universitarias preexistentes en la región: el Instituto Universitario de Tandil, el Instituto Universitario de Olavarría y el Departamento de Agronomía de Azul, estableciéndose en nuestra ciudad la sede del Rectorado. La creación de la Universidad representaba, para la comunidad, la conquista de una reivindicación largamente sostenida. Sin embargo, la nacionalización no significó el fin de las disputas ni de las tensiones políticas que atravesaban a la sociedad y, particularmente, a la comunidad universitaria.
Esto se hizo evidente exactamente un año después. El 22 de agosto de 1975, la represión volvió a hacerse presente en Tandil. Durante una jornada de movilización en memoria de la Masacre de Trelew y en apoyo a los obreros locales, frente a la fábrica Buxton, seis militantes universitarios fueron detenidos. Su presencia en aquella movilización  respondía a una concepción de la universidad que entendía que el estudiantado no podía permanecer ajeno a las demandas de los trabajadores y de la comunidad de la que formaba parte. Entre los detenidos se encontraban dos varones y cuatro mujeres, quienes permanecieron presas en la Unidad Penitenciaria de Azul hasta mediados de 1976.
Estas detenciones permiten comprender que la violencia política no comenzó el 24 de marzo de 1976. Las persecuciones, detenciones y otras formas de represión ya formaban parte de la realidad cotidiana antes del golpe de Estado. Y las historias de estos militantes forman parte de una memoria más amplia que permite reconstruir cómo se fue restringiendo el espacio para la participación política y cómo la universidad se convirtió también en un territorio de disputa.
Pero, frente a ese contexto represivo, la participación estudiantil no desapareció. Por el contrario, resulta especialmente importante la presencia de mujeres universitarias que, en un escenario en el que la participación política estaba cada vez más amenazada, disputaron la representación de su claustro en la Facultad de Humanidades. El surgimiento del primer Centro de Estudiantes, bajo la “Lista Integración”, debe comprenderse entonces como parte de un proceso más amplio de construcción de espacios de representación, organización y participación democrática.
De este modo, los acontecimientos de 1974 y 1975 pueden pensarse como parte de una misma historia. Por un lado, la conquista de la nacionalización expresó la capacidad de movilización de la comunidad para transformar una demanda histórica en una institución universitaria pública y regional. Por otro lado, la represión que acompañó esos años mostró los límites y las amenazas que pesaban sobre quienes buscaban construir una universidad
participativa y comprometida con las problemáticas de su comunidad.
Hoy, a cincuenta años de aquellos hechos, recordar no es solo un ejercicio necesario, es recuperar los nombres, las voces, los sueños y reivindicar el compromiso de quienes soñaron una universidad abierta, democrática y participativa. En cada baldosa y en cada aula de nuestra Facultad de Ciencias Humanas, sus historias siguen presentes. Permanecen en la memoria colectiva de una comunidad que se niega a olvidar, sosteniendo que la memoria es una forma de resistencia y un espacio desde donde construir el presente.
Como en cada conmemoración, seguimos levantando las banderas de la Memoria, la Verdad y la Justicia, para que Nunca Más ninguna persona sea reprimida por expresarse políticamente. Y para que la Universidad siga siendo un espacio de formación, de encuentro y de construcción colectiva.

Escriben: Sasha Bayones y Camila Jauregui – Integrantes de la agrupación estudiantil “Construyendo Historia”

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